Cultura Galega Adiós, ríos; adiós, fontes; adiós, regatos pequenos; adiós, vista dos meus ollos, non sei cando nos veremos. (Rosalía de Castro) Comería a túa alma coma quen come un ovo doce novo, perfecto microcosmos no seu óvalo de nacre. (Estíbaliz Espinosa) Idioma meu, homilde, nidio, popular, labiego, suburbial e mariñeiro, que fas avergoñar ó burgués, ó señorito i o tendeiro. (Manuel María Fernández) Ás veces fáltannos palabras e ás veces sóbrannos, ás veces fáltanos o tempo de dicilas e ás veces pásanos o tempo de calalas. (Baldo Ramos) Os soños cantan coa gorxa xeada, como esclavos fan tocar os tambores. (Manuel Rivas) Mexan sobre nós e temos que dicir que chove. (Castelao) Díxenlle á rula: Pase miña señora! E foise polo medio e medio do outono por entre as bidueiras sobre o río. (Álvaro Cunqueiro)

Bidueiral de Montederramo


Asentado en la cara norte de las laderas del San Mamede, en Ourense, El Bidueiral de Montederramo fue un día encrucijada de caminos que conectaban las tierras altas de Vilar de Barrio y Maceda con las de Queja a través de Montederramo. Un lugar sembrado de caminos y de leyendas, como la de que fue aquí donde, segundo el propio relato de Blanco Romasanta, El Hombre Lobo de Allariz, devoró la mayoría de sus víctimas.

El Bidueiral de Montederramo aún conserva un haz de misterio y a su vez de enigmático.

El Bidueiral de Montederramo tiene una superficie de 1,9 hectáreas en sus aproximadamente 11 kilómetros de perímetro, que se cruza en no más de 3, de este a oeste, y los cortafuegos delimitan claramente el Bidueiral de Monterramo. En el pico del triángulo está la cima del San Mamede.

Bidueiral de Montederramo

Lleno de bosques y bosquetes caducifolios, en este momento es uno de los bosques de abedules mejor conservados de Galicia y uno de los mejores ejemplos de vegetación eurosiberiana más meridionales del noroeste de la península.


Situado en las empinadas laderas de la cara norte de la Sierra de San Mamede llegando hasta la misma cima, este espacio se aproxima a los 1.600 metros en su extremo superior y desciende hasta los 960 metros de altitud en su extremo inferior.

Hoy en día, por suerte, el Bidueiral de Monterramo tiene la consideración de Zona de Especial Protección, ZEPVN, que le vale un trato semejante al de los Ancares o A Baixa Limia, y forma parte de un espacio de la Red 2000, la cuál es todo el conjunto del Macizo Central Ourensano.

Aquí confluían otrora una amalgama de caminos que hacían de este paraje una especie de encrucijada en torno al principal, El Camino de Santa Cruz o Camino de Queja.

Camino de ida y vuelta hacia el Valle de Maceda y las tierras más altas de Vilar de Barrio, hasta él llegaban y desde aquí cortaban los caminos de Montederramo.

Fue otro paraje que asistió a un considerable trasiego de gentes, bestias y carruajes que por este bosque atravesaban hacia múltiples destinos.

Bidueiral de Montederramo

El visitante transita por el Biduerial de Montederramo hoy en día precisamente por ese camino, una pista fácil de transitar, de trazado doce y, sobre todo, rodeada de decenas de estampas casi imposibles de captar por el ojo humano en toda su extensión, amplitud y grandeza.

En el Bidueiral de Montederramo los veranos son especialmente refrescantes y los
otoños incomparablemente íntimos.

En los días más tórridos del estío, el visitante puede sentir aquí una especie de frescor, algo así como un oasis entre la dureza de las escarpadas laderas del San Mamede. Aquí intenta siempre dejar transcurrir, como mínimo, las horas centrales de esos duros días de cualquiera verano.

Pero son los otoños los que en el Bidueiral de Montederramo deparan estampas incomparables, cromatismos peculiares a la caíada de la hoja de los abedules y una amplia gama de caducifolias que en pocos lugares de Galicia se manifiestan como aquí.

Agradable, íntimo, pero también con un cierto haz de enigmático. Aquí se encuentran Las Gorbias o Gorvias, uno de los escenarios que Manuel Blanco Romasanta señaló como los de las muertes de casi todas sus víctimas.

Aquí, en este longevo bosque por lo que la mediados del Siglo XIX tantos caminos atravesaban, discurrieron también las correrías del Home Lobo de Allariz, El Lobishome.

Y dijo él ante la Justicia que fue aquí donde, afectado de un mal que le volvía lobo en vez de hombre al sentir la irrefrenable necesidad de dar muerte la aquellas mujeres y sus hijos, donde los mató convertido en lobo.

Él Bidueiral de Montederramo fue un día encrucijada de caminos que conectaban a las tierras altas de Vilar de Barrio y Maceda con lanas de Queja a través de Montederramo. Un lugar sembrado de caminos y de leyendas, como la de que fue aquí donde, segundo él propio relato de Blanco Romasanta, Él Hombre Lobo de Allariz, devoró a la mayoría de sus víctimas.


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Rape a la gallega


El rape es un pescado muy solicitado por su sabor a marisco y su compacta textura, que, en nuestra receta, se acompaña con salsa de ajada, al estilo tradicional de nuestra tierra.

Ingredientes del rape a la gallega:
Una cola de rape, 
4 patatas medianas, 
1 cebolla, 
4 dientes de ajo, 
sal y perejil, 
1/2 vaso de aceite de oliva virgen,
guisantes, 
pimentón dulce, 
agua y sal marina.

Rape a la Gallega

Preparar el rape: 
Cortamos la cola del rape en rodajas y lo aliñamos con perejil, ajo, sal y un chorro de aceite de oliva. Lo reservamos media hora antes de comenzar a cocinarlo.

Ponemos abundante agua a hervir con sal en una olla y mientras todavía está fría le añadimos las patatas y la cebolla, cortada en trozos grandes. Dejamos que se cueza durante unos 6 ó 7 minutos, con cuidado de que las patatas no se cocinen demasiado para que no se deshagan. Introducimos el rape en el agua con todo su adobo y lo cocemos otros diez minutos, un tiempo variable en función de lo gruesas que sean las rodajas del pescado.

Mientras se cocina el rape y se acaban de hacer las patatas, cortamos los ajos restantes en finas láminas que freímos lentamente en aceite de oliva virgen. Cuando comiencen a dorarse lo retiramos del fuego, le añadimos pimentón y lo mezclamos todo bien. Finalmente retiramos del agua el pescado y las patatas, lo escurrimos bien y lo colocamos en una bandeja o en los platos, donde lo rociaremos todo con la salsa de ajo y pimentón.

Rape a la Gallega

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Leyenda de O Con da Ventureira


En la localidad pontevedresa de Sanxenxo hay dos enormes piedras. La más grande se apoya sobre otra más pequeña, y reciben el nombre de O Con da Ventureira. Desde hace ya muchos años, se celebra allí el lunes de Pascua. 

La gente acude al lugar dicho día para celebrar O día do Con y realizar una comida campestre. Además ese día es festivo local en el ayuntamiento de Sanxenxo, por lo que mucha gente acude al Con da Ventureira con comida variada, aunque hoy no vamos a hablar de eso. Hoy vamos a hablar de la bonita leyenda que hay sobre O Con da Ventureira.

Cuenta la leyenda que cierto día, una joven que regresaba del monte de coger leña para la noche, se encontró con una Moura al pasar por O Con da Ventureira.

La Moura se encontraba sentada encima de una roca al tiempo que se peinaba con un cepillo de oro. Al ver a la joven caminar fatigada y cargando con el atado de leña decidió acercarse a ella, y, tras secarle el sudor de la frente con su mano, le dió un beso y se la llevó a su palacio subterraneo, el cual se encontraba bajo O Con da Ventureira.

Al desaparecer la joven, la gente del lugar la estuvo buscando durante semanas sin conseguir ningún resultado, por lo que con el tiempo, dejaron de buscarla. Pasaron así varios años hasta que un día la joven apareció de nuevo en la aldea. Las sortijas y collares, así como cuantiosas monedas, la hacían deslumbrar.


O Con da Ventureira, Sanxenxo, Pontevedra.


Cuando los vecinos la vieron llegar quedaron completamente a cuadros. No había envejecido nada. Durante horas les estuvo contando a todos lo que le había sucedido. Que se había encontrado con la Moura y que, una de las cosas que le había llamado mucho la atención, fueron las presillas de sus zapatos, pues no eran ni de hierro, ni de plata, ni de oro.

Despues de escuchar la historia, atónitos, subieron al Con da Ventureira para intentar encontrarse con la Moura, pero esta nunca más volvió.

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