Cultura Galega Adiós, ríos; adiós, fontes; adiós, regatos pequenos; adiós, vista dos meus ollos, non sei cando nos veremos. (Rosalía de Castro) Comería a túa alma coma quen come un ovo doce novo, perfecto microcosmos no seu óvalo de nacre. (Estíbaliz Espinosa) Idioma meu, homilde, nidio, popular, labiego, suburbial e mariñeiro, que fas avergoñar ó burgués, ó señorito i o tendeiro. (Manuel María Fernández) Ás veces fáltannos palabras e ás veces sóbrannos, ás veces fáltanos o tempo de dicilas e ás veces pásanos o tempo de calalas. (Baldo Ramos) Os soños cantan coa gorxa xeada, como esclavos fan tocar os tambores. (Manuel Rivas) Mexan sobre nós e temos que dicir que chove. (Castelao) Díxenlle á rula: Pase miña señora! E foise polo medio e medio do outono por entre as bidueiras sobre o río. (Álvaro Cunqueiro)

Paulino, su cuchillo y los 13 vecinos de Sorribas


Paulino Fernández Vázquez a sus 64 años de edad y residente en la localidad de Sorribas, en Chatanda, Lugo, salió de su casa con un cuchillo de grandes dimensiones, de los utilizados en la matanza del cerdo, y atacó a todo el que vio.

Cuchillo de matar los cerdos al lado de un bolígrafo 'bic'.

Fueron 13 personas acuchilladas, de las cuales, 6 fallecieron y 7 resultaron heridas de gravedad. Un suceso al que ningún vecino daba crédito.

El hecho ocurrió el 7 de Marzo de 1989. El único motivo que podría explicar la conducta de Paulino (un hombre reservado, pero de carácter aparentemente normal) era la obsesión que venía mostrando meses antes por sus propiedades.

Un hombre muy tacaño, según indicaron en su día varios vecinos, que había comprado a unos familiares que residían en Brasil varias fincas. Esta compra le sumió en un notorio nerviosismo que le hizo confesar a varios de sus allegados un extraño temor porque los vecinos le arrebatasen las tierras. Los temores le llevaron incluso a pedir consulta legal y en un momento llegó a advertir a un familiar de que se encontraba mal y creía que se iba a morir. Otros aseguraron también que les había dicho que tenía unos fuertes dolores de cabeza.

Uno de los fallecidos en la matanza de Sorribas.

En la mañana del martes, Paulino viajó desde Sorribas hasta Chantada, localidad de poco más de 11.000 habitantes. Al mediodía, volvió a la aldea. Entonces parecía ya calmado. Almorzó con su esposa y su hermano Marcelino, que lo encontró un poco raro.

Lo que pasó por la cabeza de Paulino al acabar la comida nunca lo sabrá nadie. Eran aproximadamente las 15.30 cuando salió de casa escondiendo el arma. Apenas una hora después había acuchillado a los 13 vecinos con que se cruzó, seis de los cuales murieron. Después incendió su casa y pereció abrasado entre las llamas.

Cuerpo calcinado de Paulino Fernández.

El primer agredido fue Jesús Gamallo, que logró salir con vida y acudir con la ayuda de un vecino junto a su esposa, a la que dijo: "O Paulino matoume". La mujer avisó a la Guardia Civil. También supieron de los hechos unos vecinos que esperaban un autobús a pocos metros de la vivienda de Paulino Fernández, pero por los relatos posteriores parece que no le concedieron demasiada importancia a lo que consideraban una reyerta.

El hombre volvió a casa sacó sus vacas a pastar y volvió a empuñar el cuchillo. Agredió a todo aquel que se le puso por delante aprovechándose de la sorpresa que su reacción produjo entre los vecinos. Fue capaz incluso de atacar a hombres armados con machetes.

Entre las continuas agresiones, su hermano Marcelino se enteró de lo que sucedía y logró sacar a la esposa de Paulino de su casa ante el temor de que fuese atacada. En algún momento Paulino prendió fuego a la vivienda. El cadáver fue reconocido por su hermano a media tarde.

Sepulcro de Paulino Fernández.

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