Cultura Galega Adiós, ríos; adiós, fontes; adiós, regatos pequenos; adiós, vista dos meus ollos, non sei cando nos veremos. (Rosalía de Castro) Comería a túa alma coma quen come un ovo doce novo, perfecto microcosmos no seu óvalo de nacre. (Estíbaliz Espinosa) Idioma meu, homilde, nidio, popular, labiego, suburbial e mariñeiro, que fas avergoñar ó burgués, ó señorito i o tendeiro. (Manuel María Fernández) Ás veces fáltannos palabras e ás veces sóbrannos, ás veces fáltanos o tempo de dicilas e ás veces pásanos o tempo de calalas. (Baldo Ramos) Os soños cantan coa gorxa xeada, como esclavos fan tocar os tambores. (Manuel Rivas) Mexan sobre nós e temos que dicir que chove. (Castelao) Díxenlle á rula: Pase miña señora! E foise polo medio e medio do outono por entre as bidueiras sobre o río. (Álvaro Cunqueiro)

¿Hitler está enterrado en Galicia?


No lo sabemos con certeza, pero sí sabemos la historia de Julio Barreiro Rivas, que conoció a Hitler y asegura que la teoría de su suicidio es un cuento.

Nacido hace más de 80 años en Forcarei, Pontevedra, es un escultor, compositor, escritor e historiador que a día de hoy está totalmente integrado en Venezuela desde hace ya muchos años.

Julio Barreiro Rivas.

Pero la profesión por la que Julio accedió a misterios a los que la mayoría jamás accederemos es el de cantero especialista en túneles secretos, un oficio milenario que aprendió en su Galicia natal con sólo once años, gracias a su tío Jesús y su padre Francisco, responsable (a través de vínculos falangistas) de la construcción de los aeropuertos gallegos en los años 30. Julio fue, entre otros, maestro de obras de La isla de la Orchila, un resort donde los altos mandos venezolanos celebraban orgías.

Según el escultor, los hechos ocurrieron de forma distinta a cómo nos los han contado:

“Hitler salió el 29 de abril de 1945 muy de mañanita de Berlín en un avión trimotor y aterrizó en un pueblo llamado Córneas, entre montañas de Lugo, donde le esperaba una escolta de guardias civiles con un arreo de mulas con grandes alforjas, llenas de barras de oro y otras reliquias. Se dirigió a Samos pasando por Cebreiro, el Hospital y Triacastela, donde le esperaba una comisión del convento de Samos. No creo que nadie pueda refutarme esta tesis, puesto que yo lo sé porque vi a Hitler en el Convento de Samos enterito.”

Hitler y Eva Braun.

Dice Barreiro Rivas que tenía catorce años cuando ocurrió su encuentro con Hitler, Eva y otros refugiados alemanes e italianos. Estaba ayudando a su tío a construir el cuartel de la Guardia Civil de Samos y el contrato incluía un pequeño trabajo secreto en el convento: construir laberintos subterráneos. Franco tenía buena relación con don Mauro Gómez, el abad mitrado del monasterio, al lado de la Avenida del Generalísimo. Hasta hace poco una placa en el claustro mayor recordaba la visita del Caudillo en agosto de 1943. Fue gracias a este trabajo que Julio llegó a ver a los prófugos nazis.

Convento de San Julián de Samos, Lugo.

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