Cultura Galega Adiós, ríos; adiós, fontes; adiós, regatos pequenos; adiós, vista dos meus ollos, non sei cando nos veremos. (Rosalía de Castro) Comería a túa alma coma quen come un ovo doce novo, perfecto microcosmos no seu óvalo de nacre. (Estíbaliz Espinosa) Idioma meu, homilde, nidio, popular, labiego, suburbial e mariñeiro, que fas avergoñar ó burgués, ó señorito i o tendeiro. (Manuel María Fernández) Ás veces fáltannos palabras e ás veces sóbrannos, ás veces fáltanos o tempo de dicilas e ás veces pásanos o tempo de calalas. (Baldo Ramos) Os soños cantan coa gorxa xeada, como esclavos fan tocar os tambores. (Manuel Rivas) Mexan sobre nós e temos que dicir que chove. (Castelao) Díxenlle á rula: Pase miña señora! E foise polo medio e medio do outono por entre as bidueiras sobre o río. (Álvaro Cunqueiro)

El último amante de Marilyn fue un gallego.


Cinco meses antes de su muerte, la estrella del cine Marilyn Monroe conoció en una tienda de decoración de México DF a José Bolaños (joven cineasta y productor), un gallego cuya familia emigró a México y que acabó en Hollywood.

José Bolaños nació en México en 1935 pero era descendiente de gallegos del norte de Lugo. Pertenecía al grupo de intelectuales mexicanos de izquierdas, entre los que figuraban cineastas como Carlos Velo y Julio Alejandro de Castro, tal como relata el periodista Xavier Navaza en ‘El último amante de Marilyn’ (Alvarellos, 2012).

Marilyn y Bolaños se conocieron el 22 de febrero 1962, a mediodía, en una tienda de muebles de la ciudad, ubicada en las lomas de Chapultepec. Aquella misma noche, en compañía de varios amigos, cenaron y bebieron vino hasta bien entrada la madrugada. 

Bolaños y la actriz pasaron diez días de diversión y desenfreno. Navaza dice que el joven director era atractivo, muy educado, insolente y simpático al mismo tiempo, y unas cualidades extraordinarias en el arte de la seducción.

José Bolaños y Marilyn Monroe

La actriz y Bolaños iban a verse en Hollywood en primavera, pero la actriz lo llamó antes a su lado porque sentía añoranza de aquellos contactos de gran carga erótica y sensual, por lo que le invitó a acudir a los Globos de Oro, donde ella dio un espectáculo lamentable de alcohol y temblores. Aquella noche concluyó el romance entre Marilyn Monroe y José Bolaños.

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